La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la educación ha marcado un antes y un después en la forma en que se enseña y se aprende. Herramientas como ChatGPT, Google Gemini o Khanmigo están siendo integradas en aulas de todo el mundo, permitiendo a los docentes personalizar la enseñanza, generar materiales, automatizar evaluaciones y ofrecer tutorías virtuales adaptadas al ritmo del estudiante.
Sin embargo, este avance tecnológico también plantea desafíos éticos y pedagógicos. ¿Estamos formando estudiantes capaces de pensar críticamente o simplemente usuarios que dependen de la tecnología? La brecha digital también se ha ampliado, dejando atrás a quienes no tienen acceso a estas herramientas.
Expertos coinciden en que el uso de IA en educación debe acompañarse de formación docente continua, normativas claras y una reflexión profunda sobre su impacto. La clave está en integrar estas tecnologías como apoyo, no como sustituto del pensamiento humano.
